Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), se considera turismo sostenible aquel “que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”.

El impacto que el turismo, responsable directo de más del 10% del PIB español, ejerce sobre el patrimonio natural, cultural y social de los destinos turísticos puede causar daños y perjuicios irreversibles. La degradación medioambiental o la pérdida de la identidad local evidencian la insostenibilidad de los modelos turísticos obsoletos y de alto impacto.

La creciente preocupación a nivel mundial por generar un desarrollo sostenible que permita a las futuras generaciones el disfrute de los recursos que compartimos, ha supuesto un cambio en los valores y patrones de consumo de los viajeros. Las prácticas amigables con el medio ambiente y las comunidades locales suman puntos a la hora de escoger un producto turístico.

Casi la mitad de los consumidores mundiales están dispuestos a pagar más por productos de empresas que demuestran un compromiso con la Responsabilidad Social (Nielson, 2012).

Según datos del Global Sustainable Tourism Council y del Instituto Tecnológico Hotelero, el 90% de los viajeros elegiría un hotel sostenible y el 34% estaría dispuesto a pagar más por alojarse en ellos.

Estamos, por tanto, ante un auténtico reto de innovación en la concepción del turismo contemporáneo. Lo que hoy es tendencia pasará a ser exigencia en un futuro cercano. Las buenas prácticas medioambientales serán de obligado cumplimiento y la gestión empresarial deberá garantizar la sostenibilidad de los recursos de los que depende.

Todos los actores implicados en la actividad turística – gobiernos, asociaciones e instituciones públicas y privadas, industria y profesionales del turismo, viajeros… -, deberán adoptar compromisos en materia de sostenibilidad ambiental, económica y social.

La reducción del uso de energías y recursos no renovables, la capacidad de asimilación de los impactos y residuos producidos o el respeto por la diversidad socio-cultural, serán referentes ineludibles en la formulación de las estrategias turísticas.

Según los datos de la Oficina Española del Cambio Climático, se estima que el 80 % de la planta hotelera tiene más de veinte años. En este contexto, resulta estratégico que el sector turístico y hotelero asiente su modelo de expansión en los valores de sostenibilidad, convirtiéndose además en un poderoso argumento de marketing cuya fuerza de atracción, valor de diferenciación y razón de compra, tanto de inversores como del usuario final, se basen en criterios “green”.

Se estima que si el sector turístico español apostara por la implantación de planes de eficiencia energética, se podrían ahorrar 210 millones de euros al año. Además, se evitaría la emisión de 835.000 toneladas de CO2 a la atmósfera.