En nuestro día a día, hay una multitud de objetos que necesitamos pero que no tenemos, como pueden ser un martillo o un destornillador. Lo más normal, hasta ahora, era ir a por estos elementos a cualquier tienda próxima, en este caso a ferreterías, o, en ciertos casos, los pedíamos a nuestros vecinos. Pero en una sociedad cada vez más individualizada y de cambios de residencia frecuente, es difícil mantener una relación estrecha con los co-habitantes del edificio o del barrio.

Justamente por ello ha nacido Peerby, una app que permite evitar la compra de utensilios que probablemente usaríamos muy poco, facilitando el contacto con vecinos de nuestro barrio. A través de la app, el usuario puede contactar con otras personas que vivan cerca de él para pedir prestado elementos tan dispares como globos de fiesta o tiendas de campaña.

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Usuarios de Peerby

A través del fenómeno de la economía colaborativa, esta aplicación permite reducir de una manera ejemplar el consumo innecesario de productos. Este servicio nació en Amsterdam y se usa ya en toda Europa y Estados Unidos, siendo un fenómeno de mucho éxito. Gracias a ello, cuidamos nuestro bolsillo y las relaciones con las personas que viven en las cercanías.

La app es especialmente interesante en cuanto a la oferta de productos turísticos, puesto que muchos vecinos ofrecen una amplia gama de productos destinados a viajar. Ya pueden ser mochilas de excursionismo, cámaras que funcionan bajo el agua, maletas para animales y muchos otros utensilios que, si tuviéramos que comprar, serían muy caros y poco rentables. Según la página web de Peerby, un 80% de los productos que tenemos son usados no más de una vez al mes, incluso menos. Existen cinco categorías de productos que podemos pedir prestados: fiesta, casa, jardín, turismo y mudanza.

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Usuarios de Peerby

El funcionamiento es muy sencillo: el usuario pide el objeto que necesita a través de la app, por ejemplo una bicicleta. A través de los contactos que ya estén registrados a la aplicación, y que se encuentren cerca de la persona que ha emitido esta petición, se pide si alguno de los usuarios tiene, en efecto, una bicicleta para prestar. Lo mejor de este sistema es que los pedidos se terminan mayoritariamente en menos de 30 minutos, facilitando el contacto entre personas y respondiendo de forma muy rápida a peticiones urgentes.

Subirse al carro de la economía colaborativa y de las aplicaciones que van de la mano de esta nueva tendencia permite también reducir la producción en masa de productos, volviéndola innecesaria gracias a una baja de la compra. Estos productos, normalmente producidos con materiales nocivos para el medio ambiente, pueden llegar a perder fuerza en el mercado a la larga.

A partir de ahora, para conocer a nuestros vecinos, ya no necesitaremos pedirles sal o azúcar: ha nacido otra forma de relacionarse con nuestro entorno.