Las redes sociales están cambiando la forma en la que los jóvenes perciben los destinos: con una comunicación más simpática, por recomendaciones de amigos o trendsetters o también por promociones, los millenials, de entre 18 y 24, se fían más de lo que ven a través de sus móviles que de lo que pueden apreciar por los canales tradicionales.

Por lo tanto, es claro que la publicidad offline de los destinos turísticos o agencias de viajes ya no afectan, en gran medida, a los más jóvenes. Es hora de reinventar la manera en la que los hoteles, ciudades, países, atracciones y experiencias se comunican con este público, pues tienen la posibilidad de perder atractivo entre este tan amplio colectivo.

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Entre los más jóvenes, los que tienen de 18 a 22 años, un 32% de ellos se inspiran mayoritariamente a través de Facebook, Instagram o Whatsapp para planear sus vacaciones. Atrás quedaron los paquetes convencionales de viajes de fin de curso, ahora con poco dinero y mucha organización es fácil llegar a la otra punta del mundo si nos dan las pistas sobre cómo hacerlo. Existen muchos blogueros de viajes, que gracias a sus consejos orientan a muchos y permiten ahorrar más de un dolor de cabeza.

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¿El secreto del funcionamiento de las redes sociales? La proximidad y el boca-oreja. Los jóvenes no escuchan en cuanto se les comunica algo de forma convencional, puesto que no pueden hacerse suyo ese mensaje. Por lo contrario, cuando la agencia de viajes, la aerolínea o el destino se comportan como amigos –sin pasarse de la raya-, los jóvenes escuchan. El fenómeno del boca-oreja es uno de los más importantes en el mundo del marketing, y se ha potenciado a través de la rapidez de las redes sociales, que permiten difundir opiniones y fotografías en tiempo real. Porque está claro que nos creeremos antes la opinión de un amigo que no el anuncio de una gran compañía.

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Para conectar con los millenials, el sector turístico debe replantearse de forma muy seria los obstáculos que se imponen a su manera convencional de funcionar: ya no se trata de poner una pequeña oferta sobre los precios finales, o incluir servicios adicionales por la compra de un paquete vacacional, sino ofrecer experiencias cercanas a la visión que tienen los más jóvenes del mundo que les rodea.